
ALGUNAS CONSIDERACIONES
SOBRE....
EL ACIDO FOLICO
Por Don Schuwarger, M.D., F.A.C.O.G. OBGYN.net Editorial
Advisor
traducción por la dra. marisa geller
Muchas veces pareciera que los
descubrimientos científicos provienen de la observación más que de la
experimentación. ¿Recuerdan la historia de Jenner? El observó que los
cuidadores de vacas que contraían la viruela vacuna no se infectaban con el
virus de la viruela humana. Su observación de un fenómeno natural lo llevó a la
hipótesis de que una infección previa con viruela vacuna otorgaba inmunidad a
la viruela que era letal. ¿Y Semmelweis? Lo mismo. La observación minuciosa hizo que se diera cuenta que la falta de lavado
de manos de los médicos era responsable del aumento de la fiebre puerperal. Esto
fue posible gracias a una visión retrospectiva de los hechos.
Esta también es la historia del
suplemento con ácido fólico (también llamado folato) en las embarazadas y su
rol en la reducción en la frecuencia de algunos defectos en los recién nacidos.
Hoy sabemos que el metabolismo del ácido fólico lo realiza la placenta y el
feto y nos damos cuenta que debería ser importante esta vitamina.
La historia comenzó con la primera
enfermedad maligna que se consideró curable: el coriocarcinoma. El primer agente
quimioterápico usado de manera exitosa en el coriocarcinoma fue el metotrexate.
Esta droga se sabe que inhibe una enzima (la folato reductasa) que se encuentra
en la placenta en grandes cantidades. La folato reductasa utiliza el ácido
fólico para ayudar a formar proteínas para el desarrollo de tejidos. Como el
coriocarcinoma es una forma maligna de tejido placentario y como el tejido
placentario depende del folato para un crecimiento rápido y la síntesis
proteica, fue natural intentar un tratamiento con metotrexate y funcionó.
En los años 60's, algunos médicos
intentaron utilizar al metotrexate para inducir abortos pero no funcionó. Una
placenta normal no puede destruirse fácilmente con metotrexate. Los fetos
continuaban con vida y nacían con una variedad de defectos que frecuentemente
incluían una alteración del tubo neural. Estos defectos, como la anencefalia,
la espina bífida y el mielomeningocele son fallas en el cierre de una
estructura embrionaria, el tubo neural. Este generalmente se cierra a los 28 -
30 días luego de la fertilización.
Llegamos a los 80's. Se comprueba
a través de la epidemiología y el trabajo observacional que las Islas
Británicas tienen un mayor número de casos de defectos del tubo neural que
Estados Unidos. Un número de investigadores se preguntaron si no había una
conexión con el ácido fólico ya que se había comprobado que un bloqueante del
mismo (el metotrexate) podía de manera artificial aumentar la tasa de defectos
del tubo neural. Los test mostraron que los niveles en sangre de ácido fólico
en mujeres de las Islas Británicas eran menores que en las mujeres en Estados
Unidos.
Las madres de los chicos que
presentaron defectos del tubo neural tenían dietas pobres en folatos y no
tomaban vitaminas antes del embarazo mientras que aquellas que no tuvieron
hijos con defectos del tubo neural consumían más cantidad de folatos. A menor
cantidad de ácido fólico en la dieta mayor la tasa de defectos del tubo neural
en la población y vice versa.
Los trials comenzaron a ver si lo
que se observaba en la naturaleza podía usarse para prevenir defectos del tubo
neural. Así fue que se comprobó que las mujeres que reciben al menos 400 mcg
(.4 mg) de folato por día, a través de la dieta o suplemento vitamínico, tienen
hijos con menos defectos del tubo neural que las que no lo reciben. Es más, si
una mujer tiene un hijo con defectos del tubo neural toma 4000 mcg (4mg) de
folato diario antes del embarazo y durante los tres primeros meses, las chances
de que tenga su prómixo hijo con estos defectos se reducen.
Esta evidencia llevó a que muchos
expertos recomienden agregar ácido fólico a la comida que se consume
regularmente como el pan y el jugo de naranja.
El ácido fólico se encuentra en
las verduras de hojas verdes y especialmente en los crucíferos: la lechuga, la
calabaza, el brócoli y los repollitos de Bruselas. Como se mencionó
previamente, algunas comidas que no tienen folatos se han suplementado con
pequeñas cantidades del mismo. El ácido fólico puede adquirirse como un
suplemento vitamínico. El ente controlador de Estados Unidos, el Food and Drug
Administration, restringe la venta de ácido fólico sin prescripción a un máximo
de 400 mcg (.4mg) por tableta. Esto es así porque las grandes cantidades de
folato pueden enmascarar los síntomas de una anemia perniciosa producida por un
déficit de vitamina B12. La mayoría de las prescripciones de vitaminas
prenatales contienen al menos 1000 mcg (1mg) de ácido fólico, junto con otras
vitaminas y minerales esenciales en el embarazo.
Para las mujeres que están buscando
un embarazo, se recomienda tomar al menos 400 mcg (.4mg) de ácido fólico
diario. El cigarrillo, el stress, la malnutrición o la malabsorción pueden
disminuir los niveles de ácido fólico. En estos casos sería conveniente
aumentar el suplemento de ácido fólico.
En los casos en que se esté
tomando un complejo multivitamínico, es importante no ingerir cantidades en
exceso de vitamina A intentando cubrir la dosis necesaria de folatos. Una dosis
excesiva de vitamina A puede causar algunos defectos al nacer. Si uno programa
un embarazo puede ingerir un complejo vitamínico prenatal. Estas vitaminas
proveen una cantidad apropiada de vitaminas y minerales durante el embarazo y
evita una potencial toxicidad.
Desafortunadamente, no hay una píldora mágica pero hoy en día se sabe que el suplemento con ácido fólico puede ayudar a reducir la incidencia de defectos del tubo neural que no es poca cosa.

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