Nutrición, embarazo y lactancia

Publicado gracias a la gentileza de Nutranews -

Boletín Informativo Año 1, Nº 2 , 1998

 

Una adecuada y correcta alimentación es fundamental para todos y cada uno de los momentos biológicos por los que atraviesa el ser humano. Adquiere singular importancia en el embarazo y la lactancia, dos momentos trascendentes en la vida de una mujer. Durante el embarazo y la lactancia aumentan las necesidades nutricionales. Este lógico incremento está determinado por el crecimiento y desarrollo del feto y del lactante por un  lado y  por los cambios en el metabolismo y distintos órganos de la madre por otro.

Por acción fundamentalmente hormonal el metabolismo materno se adapta a estas etapas de su ciclo vital. Los nutrientes son distribuidos hacia distintos sectores de su organismo para cumplir funciones específicas (placenta, glándula mamaria), desde donde serán orientados hacia el feto a través del cordón umbilical o hacia el lactante a través de la secreción láctea.

Embarazo

Es una etapa fisiológica en la que la alimentación racional y adecuada desempeña un importante papel en la evolución del mismo y permite muchas veces prevenir complicaciones (parto prematuro, recién nacido de bajo peso, etc.).

Un buen estado de nutrición en el momento de la concepción es uno de los mejores recursos para combatir los factores de riesgo durante el embarazo. Por tal motive se aconseja una alimentación correcta  para todas las mujeres, de ser posible aun antes del embarazo. Estos cuidados alimentarios son más importantes en las adolescentes embarazadas ya que deben sumar a las necesidades propias del embarazo las originadas por no haber completado su desarrollo.

Aumento de peso durante el embarazo

Siendo una etapa anabólica por excelencia es lógico que el peso se incremente y que las necesidades energéticas, proteicas, minerales y vitamínicas aumenten. Ello va a condicionar una ganancia de peso cuyo ritmo se irá incrementando a medida que el embarazo progrese. Es pequeño durante el primer trimestre ya que las necesidades energéticas son mínimas y aumentan considerablemente en el segundo y sobre todo el tercer trimestre. Se ha calculado que el costo energético total del embarazo es de aproximadamente 88.000 Calorías, de las cuales unas 36.000 corresponderían al aumento de el gasto metabólico basal y el resto (44.000 Calorías) a la síntesis de nuevos tejidos. Este total hace que a las recomendaciones diarias de Calorías, se agreguen a partir del primer mes entre 280 y 350 Calorías diarias de acuerdo al peso inicial del embarazo. Estas cifras pueden variar de acuerdo a la actividad física que desarrolla (trabajo) o al repose que se vea obligada a observar en determinadas circunstancias.

La restricción calórica que se aconsejaba para evitar un mayor tamaño del feto, tuvo que reverse ya que ello llevaba a recién nacidos de bajo peso, lo que comprometía su futuro. Por tal motivo, hacia fines de la década del 80, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos estableció que el incremento de peso en el embarazo tenía que estar en relación con el peso previo al mismo, y basándose en el Indice de Masa Corporal I M C* (Body Mass Index, BMI)`se establecieron los incrementos de peso aconsejables  en toda mujer durante el embarazo. (tabla 1)

 

IMC

Ganancia total de peso en Kg.

< 19.8

12.5 a 18

19.8 - 26

11.5 a 16

26 - 29

7 a 11.5

> 29

6 a 7

Tabla 1

En las mujeres obesas, en el momento actual, no se recomienda la restricción calórica durante el embarazo, salve bajo estricta vigilancia médica. En estos cases se aconseja que el incremento de peso al término del mismo no sea inferior a los 6 Kg. (Tabla 2)

Proteinas Las necesidades maternas y fetales hacen que los requerimientos proteicos aumenten durante el embarazo. Se calcula que una gestación que aumenta 12 Kg a lo largo de la  misma, poco más de 0,900 Kg serán proteínas de las cuales un 50 % corresponderán al feto, 25 % al tejido uterino y mamario, 10% a la placenta y 15% a la sangre y líquido amniótico. Durante la segunda mitad del embarazo se retienen 6 a 8 gramos diarios de proteínas.

Si bien las necesidades proteicas van aumentando a medida que el embarazo progresa se recomienda que desde que se diagnostica el mismo su cantidad diaria se incremente en 10 gramos sobre las necesidades de esa mujer fuera del embarazo.

Ello permitirá en las primeras semanas favorecer las reservas de la madre y luego cubrir sus necesidades a lo largo del embarazo.

Un 50% del total de proteínas deberá ser cubierto en base a alimentos de origen animal (mayor valor biológico).

 

Tabla 2 - Cómo se distribuye la ganancia de peso de la madre durante el embarazo (en gramos)

Feto

3500

Placenta

600

Líquido amniótico

800

Líquido extracelular

1200

Tejidos de Reserva (adiposo)

3300

Útero y mamas

1300

Sangre (volumen sanguíneo y masa eritrocitaria)

1800

 

Minerales y Vitaminas: Como puede verse en el cuadro 3 sus necesidades, en general, aumentan durante el embarazo a causa del anabolismo materno y fetal y porque todos ellos participan en la composición materno fetal.

De los minerales interesan fundamentalmente el hierro y el calcio.

Hierro: Hay una mayor demanda fetal y placentaria. Su absorción a nivel intestinal se incrementa al igual que la movilización de los depósitos maternos. Esta necesidad es mayor en la segunda mitad del embarazo durante la cual deben también completarse las reservas fetales de hierro que deberán servir al recién nacido durante los primeros meses de lactancia, ya que la cantidad de hierro que le aportará la leche materna será insuficiente. En general la recomendación diaria de 15 mg se duplica a 30 mg /día. Si no es posible cubrirlos con la alimentación será necesario recurrir a suplementos de este mineral.

Calcio: A diferencia del hierro, los depósitos maternos de calcio son mayores. El feto de término atesora unos 30 gramos de Calcio que deben ser aportados por la madre. Se recomienda incrementar las necesidades en un 50% o sea 1200 mg diarios, con relación a la mujer no embarazada. Si no se alcanza a cubrir el requerimiento será necesario completar estos valores con suplementos minerales.

Respecto a las vitaminas, todas interesan en el embarazo. Se debe tener presente que la concentración en plasma de muchas de ellas disminuye durante el embarazo, pero como esta disminución se asocia a un aumento del volumen plasmático, estas cifras no traducen muchas veces una ingesta inadecuada.

De las liposolubles interesa la vitamina D que interviene activamente en la absorción y metabolismo del calcio, por lo que su cantidad se duplica en los 2 últimos trimestres.

Las necesidades de vitaminas hidrosolubles se incrementan. Interesan sobre todo la vitamina B6, la vitamina C y el ácido fólico, sobre todo este último a causa de la eritropoyesis materna, el crecimiento feto placentario y la síntesis de DNA. Su deficiencia en el embarazo era, hasta no hace mucho, un hecho relativamente frecuente. Por tal motive la recomendación para mujeres en edad fértil se incrementa a 400 microgramos diarios y este aumento debe continuar durante todo el embarazo. Esta conducta ha permitido reducir la frecuencia de recién nacidos con defectos del tubo neural (cuyo cierre se produce al final de la 4" semana de gestación) tiempo en el cual muchas mujeres advierten estar embarazadas.

De ahí que la recomendación actual sea que toda mujer en edad fértil debe incrementar la cantidad de ácido fólico que ingiere a 400 microgramos diarios para disponer de una reserva óptima del mismo.

Los anticonceptivos orales interfieren con la absorción de folatos y aceleran la degradación de los mismos en el hígado. Conviene investigar,  frente a una mujer en los inicios de su embarazo, si consumía recientemente anticonceptivos, ya que sus reservas podrían estar disminuidas. También influyen sobre los folatos y sus reservas la medicación antiepiléptica, el metatrexato, etc.

Lactancia

La alimentación de la madre durante la lactancia no difiere mucho de la que venía haciendo durante el embarazo. Las necesidades energéticas, proteicas, minerales y vitamínicas están lógicamente aumentadas porque deben cubrir además de los requerimientos maternos todos los nutrientes contenidos en la secreción láctea.

La leche humana es adecuada y suficiente como fuente única de alimentación del lactante en los primeros 4 a 6 meses de vida. En general la lactancia significa para la madre una mayor demanda de nutrientes que el embarazo. A diferencia de este último la calidad y cantidad de la secreción se mantendrán a expensas de las reservas de la madre aunque ésta no reciba la cantidad de nutrientes que requiera en este momento biológico.

Una vez estabilizada, la cantidad diaria de secreción láctea es de unos 750 cm3, por lo cual la madre debe incrementar la ingesta de agua. A las necesidades energéticas de la madre, fuera del embarazo, se le agregarán 500 Calorías /día durante los seis primeros meses de lactancia y algo menos si la misma se prolonga más tiempo. Un adicional de 10 a 15 gramos de proteína /día, y 400 mg de calcio /día. El resto de minerales y vitaminas también se incrementará para cubrir las necesidades maternas v del recién nacido (Tabla 3). En esta etapa no es tan importante el hierro como durante el embarazo, además no hay pérdidas menstruales, por la amenorrea.

El mayor estímulo para la secreción no está dado por una alimentación abundante sino por la frecuencia de mamadas del recién nacido.

Tampoco la lactancia es el momento ideal para recuperar el peso previo al embarazo, ya que ello podría disminuir las reservas de la madre.

En las madres que practican el vegetarianismo, se deberá suplementar con vitamina B12 y hierro.

 

Tabla 3

Necesidades diarias energéticas y de nutrientes durante el embarazo y la lactancia

Mujer Adulta

(20-45 años)

`Durante el Embarazo

Durante la lactancia

Calorías

2000

2300

2600

Proteína (g)

60

70

80

Vitamina A (RE, mg)

750

1000

1200

Vitamina D (mg)

2.5

10

10

Vitamina E (TE, mg)

8

10

12

Vitamina K (mg)

65

65

65

Vitamina C (mg)

60

70

80

Tiamina (mg)

1

1.5

1.6

Riboflavina (mg)

1.5

1.8

2

Niacina (NE, mg)

14

17

20

Vitamina B12 (mg)

2

3

3

Calcio (mg)

800

1200

1200

Fósforo (mg)

800

1200

1200

Hierro (mg)

15

30

30

Magnesio (mg)

280

350

400

Zinc (mg)

12

15

20

Yodo (mg)

150

175

200

Selenio (mg)

55

65

70

Datos obtenidos de distintas fuentes (Academia Nacional de Ciencias de EEUU, 1989); (Recomendaciones Nutricionales para la República Argentina, 1983) y otras

 

Si no hay hipertensión arterial, proteinuria o retención de líquidos no se justifica limitar la ingesta de sodio tanto en el embarazo como en la lactancia. Al igual que en el embarazo no son aconsejables las bebidas alcohólicas y no se deberá fumar por la acción de la nicotina sobre la circulación placentaria y su influencia sobre el volumen de la secreción láctea.

El café y las bebidas con cafeína deberán restringirse durante el embarazo y lactancia. Referente a los endulzantes no calóricos pueden ser utilizados en cantidades razonables sin inconvenientes.

En síntesis tanto durante el embarazo como durante la lactancia, la alimentación debe cubrir las necesidades propias de la mujer.