Doctor en Medicina
Docente Autorizado Universidad de Buenos
Aires
Días pasados asistí a una conferencia de la Dra. Barbara Grandi, obstetra y ginecóloga del Hospital Poggibonsi de la ciudad de Siena en Italia en la que mostró su experiencia sobre lo que en nuestro idioma se denomina Parto en casa que intenta traducir la expresión sajona: Home birth. Espero sepan disculpar mi ignorancia o la falta de reflexión sobre este tema en particular, pero antes de oír esta conferencia confundía en un único concepto al Parto Natural con el Parto Vaginal, utilizando ambos términos como sinónimos.
Seguramente ambos partos no son tan antagónicos pero si expresan una gradualidad que bien vale la pena analizar fundamentalmente para no equivocarnos como obstetras y para que tampoco se confundan nuestras embarazadas, de manera tal que puedan elegir el parto que desearían tener sin confusiones al respecto.
El primer aspecto que quisiera resaltar es que ambas modalidades están fuertemente influenciadas por ideologías que le son propias a cada una.
En el caso del Parto Natural o en Parto en casa prácticamente no existe intervención alguna por parte de los que asisten al parto, a diferencia del parto vaginal en el que los asistentes encuentran su satisfacción profesional y la expresión de su arte obstétrico en lograr que el feto nazca a través de la vagina; dicho de otra manera nacer por la vagina es nacer en forma natural. Sin embargo este último objetivo puede lograrse mediante la rotura de las membranas, la administración de ocitocina, la aplicación de un fórceps o una ventosa, la maniobra de Kristeller y la ejecución casi sistemática de una episiotomía profiláctica.
Las imágenes mostradas por la Dra. Grandi mostraban a la mujer pariendo en un dormitorio o una habitación que mostraba una gran calidez con cuadros que adornaban las paredes en lugar de frios azulejos; en lugar de sillas o camillas de partos, las mujeres se acostaban en una cama matrimonial con sabanas arrugadas que mostraban el trajín propio del trabajo de parto y no faltaban ni la mesita de luz ni los veladores convencionales; todas las personas que se encontraban presenciando el parto vestían ropas de calle y no ambos quirúrgicos; asimismo daba la impresión que no solamente se encontraba el papá y la obstetrica sino que además podían estar presentes otras personas (también hermanitos) que mostraban un gran afecto hacia la parturienta y ofrecían su aliento. No observé en las imágenes goteos (sueros, etc) u otro elemento quirúrgico y las posiciones para parir fueron en cuclillas, paradas con las piernas abiertas, sentadas o en posición genupectoral. Casi todas las diapositivas mostraban que las membranas se habían mantenido intactas hasta la salida del bebé o hasta la rotura espontánea de las mismas. No se observaban monitores fetales si bien la Dra. Grandi aclaró que el feto era controlado mediante un detector de latidos o una sencilla corneta de Pinard.
El parto acuático también era una modalidad propia de este Hospital, y se observaba que la mujer tenía una mayor facilidad para cambiar de posición que la que puede tener en una cama; asimismo los rostros mostraban el efecto relajante logrado en estas bañeras.
A lo largo de la charla vimos imágenes fuertes, provocantes, violentas, por momentos vulgares por momentos bellísimas de estos nacimientos.
El auditorio reaccionó de manera diversa: algunos se identificaban en su trabajo cotidiano, otros en un rechazo a tanta desmedicalización, otros con una critica velada por la falta de datos estadísticos sobre los riesgos o la mortalidad o la morbilidad. En lo personal y lejos de ser un partero a la usanza home birth me impactó el sacrificio, el tesón y la fuerte ideología que requieren no solo la madre sino también los que asisten a este tipo de partos; en un pasaje de la charla la expositora manifestó que esta modalidad de nacimiento simbolizaba un ejemplo de los es el feminismo, manifestando asimismo un absoluto rechazo hacia la medicalización de los partos, las intervenciones obstétricas o las posiciones antifisiológicas. Ella consideró, y concuerdo absolutamente con ella, que el nacer es una expresión cultural y que debía volverse a este tipo de parto y no al parto de tipo hospitalizado. Seguramente mi discrepancia con ella radica en que no creo que haya un parto cultural y uno no cultural sino que seguramente existen distintas culturas de una misma expresión.
Tampoco me interesa sacar conclusiones o jerarquizar una u otra modalidad de nacimiento pero sí me parece importante haber comprendido que entre ambas existen marcadas diferencias. Inclusive en el futuro trataré de cuidarme al pronunciar las palabras parto natural y reconoceré que la inmensa mayoría de las veces por no decir siempre he efectuado partos vaginales. Entiendo asimismo que es bueno que las mujeres reconozcan las diferencias que simplifico en la tabla 1.
Haber asistido a esta conferencia ha sido una experiencia vivificante y muy estimuladora para la intelectualidad. Habrá que seguir muy de cerca estas experiencias y sus resultados perinatales, así como el grado de satisfacción de las mujeres y de los que asisten este tipo de partos. Por último entiendo que estos grupos debieran someterse a algún grado de evaluación científica. Tengo la sensación que los números no les serán esquivos y que aprobarán holgadamente la experiencia lo que dará aún más fortaleza para seguir trabajando en esta dirección, con el debido respeto ya no solo de las gestantes, sino de toda la comunidad científica.